Me cansé tanto de darlo todo por alguien que no daba nada por mí. Me cansé de perseguir lo inalcanzable, de creerme las mentiras y las falsas esperanzas. Me cansé de ti, de tus defectos y tus virtudes, me cansé tanto que cuando te veo es como si no quedase nada. Solo una armadura vacía. Tan vacía como tus promesas.
Me cansé de los falsos te quiero, de las falsas sonrisas. Me cansé de tu falsa amistad y de tu simple existencia. Me cansé. Me cansé y me fui. Dejé atrás todo lo que había sentido por tu culpa, el sufrimiento, la soledad, la desesperación.
Las lágrimas que dejaron surcos en mis mejillas han desaparecido. Tal vez lo único que queda son recuerdos incompletos, fragmentos que permanecieron después del naufragio. Lo siento si yo también cometí errores, porque errar es humano pero destrozar sueños no lo es. Ahogaste el llanto en alcohol y ahora pagas las consecuencias de todo este desastre. Sigues tu vida, pero no creo que eso sea la vida que te mereciste y que dejaste escapar.
Es duro cuando se te queda el alma rota, pero más duro es encontrar la felicidad y temer al dolor. Un dolor que no podrás evitar y que avanza peligrosamente hacia ti. Gracias a ti conocí un atisbo de felicidad, pero también conocí el dolor al que ahora temo.
Me cortaste las alas pensando que no lograría volar; cuán irónico es saber que ahora vuelo más alto que nunca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario