martes, 9 de diciembre de 2014

¿Repugnancia?

Hay algo en ti. Algo que no encaja. Una pieza perdida, sin rumbo fijo, que parece ser el error de un sueño roto. Te levantas como cada día, con pesadez, compadeciendo otro horrible día de datos soltados a modo de vómito por los labios de cualquiera. ¿Qué es distinto? ¿Por qué te sientes tan fuera de lugar? ¿Por qué nadie comprende por lo que estás pasando?
Temes decir cualquier cosa que te delate. Que te haga un bicho raro y que pasen a mirarte como si no te hubiesen conocido nunca. ¿Por qué tienes que sentir eso precisamente tú? ¿Por qué mierdas te sientes tan asquerosamente especial? No lo eres, mírate. Eres uno más. Y sin embargo, deseas ser "normal". ¿Qué es lo verdaderamente normal, corriente, vulgar, ordinario?
Sabes que nunca has sido así. Eres consciente de ello. Tu condición es diferente. Tu dolor es más trascendental. Todos poseemos esa consciencia del dolor, ¿pero por qué para ti todo sabe a sangre? Las huellas que dejas sobre el barro se forman de manera distinta, no se ven de la misma forma. Tu forma de ver el mundo y de entenderlo es más compleja de lo que crees.
Las preguntas, dudas, sentimientos se agolpan en tus recuerdos, se aferran a tu memoria como un parásito se agarra a su hospedador. Pero todas ellas tienen respuesta. Esa respuesta se encuentra en la auto-aceptación. 

El monstruo ataca de nuevo.

Un día de enero, cualquiera, no importa cuál, me levanté sobresaltada en mitad de la noche. La lluvia caía fuerte y se oía rebotar en todo lo que encontraba a su paso. Escucharla me transmitía sensación de paz, pero no aquella vez. No sabía por qué estaba despierta, no recordaba ningún sueño, para mí todo había sido una película negra.
Noté que aunque pude abrir los ojos, mi cuerpo no reaccionaba a mis órdenes. Sentía mi respiración atravesando mis vías respiratorias, el sonido era claro. Inspirar, espirar. Inspirar, espirar. Inspirar, espirar. También notaba mi corazón bombeando. Pum-pum. Pum-pum. Pum-pum. Pero no me sentía viva. No tenía ningún tipo de emoción o sentimiento. No estaba ni feliz, ni triste, ni nerviosa, ni asustada, ni eufórica. A decir verdad, no sentía mi cuerpo, solo lo escuchaba.
Fue en ese momento cuando pude darme cuenta. Y solo entonces pude girar la cabeza hacia la derecha, lo que me hizo estremecer. Me vi a mi misma. Vi mi reflejo. No sé lo que vi. No me dio tiempo a pensarlo cuando un gran agujero se abrió bajo mi espalda, y comencé a caer, y a caer...

No sé donde estoy. No sé qué ha pasado. No sé si eso fue una alucinación y aún sigo soñando. Pero ahora sí que me siento viva. Ahora sé lo que es estar verdaderamente despierta.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Pasión.

Ojalá tú y yo. Ahora. Rozando nuestros labios con dulzura. Con la simple preocupación del roce de nuestra piel, de caricias a lo largo de nuestro cuerpo que se deslizan por los lugares más intimos y sensibles. Gemidos que se escapan de nuestra boca, temiendo salir; ropa decorando los rincones de la habitación que hace unos momentos fue arrojada de una en una, sin ninguna prisa por desvelar nuestra piel antes de tiempo.

Ojalá tu y yo, disfrutando de nuestro aroma, lanzando pequeños mordiscos por nuestros cuellos, pasando la lengua por donde ésta quiera pasar. Amándonos y disfrutando hasta el último ápice que queda de nosotros; aprendiendo anatomía en varias lecciones, las que hagan falta. Balanceándonos al unísono, como una coreografía ensayada, con nuestras respiraciones agitadas; y placer que viene y va, que recorre nuestro cuerpo y nos invade hasta llegar al climax, tu antes y yo después o quizás viceversa.

Ojalá nosotros, queriéndonos como nunca y sin preocuparnos por nada más que no fueses tú, o yo.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Ser una zorra.

"Luego vino Maggie. Maggie dijo todo lo que he estado diciendo durante años. "¿Qué tiene de malo ser una puta?"
A todas nos da miedo esta etiqueta. Y lo irónico es que la mayoría de nosotras (y tal vez esté equivocada, pero estoy bastante segura de que no) hacemos esas cosas de zorra cachonda. Hacemos fotos. Enviamos mensajes calientes por el móvil. Dormimos con nuestros novios. Maridos. Hacemos mamadas. Nos desnudamos. Tenemos vaginas. Las usamos. Algunas de nosotras, a veces, incluso disfrutamos de su uso. Tenemos tetas y pezones y culo. De los que evidentemente todas deberíamos estar avergonzadas. Porque somos las únicas que lo hacemos. ¿Me escucháis, todas las mujeres del planeta? Sois las únicas que hacéis lo que estáis haciendo con ese chico (o chica, o peor aún, con los dos). Y es tan, tan increíblemente doloroso y malo y vergonzoso. ¿Qué? ¿Quieres saber por qué? Oh. Porque... ¿zorra?" - Stephanie Williams.

http://www.huffingtonpost.es/stefanie-williams/la-verdad-sobre-ser-una-zorra_b_3795584.html

sábado, 18 de octubre de 2014

Miedo.

Nadie puede hacerte daño aunque la gente se empeñe. Cuando alguien te hace daño quedan marcas superficiales que no van mas allá de rallar la fina capa que nos cubre. Solo nosotros podemos ver que hay detrás de esa superficie, ahondar en la esencia, y puedes cuidarla como si fuese el mayor tesoro. Pero eso también te da el poder de destruirte. Es por eso que nos asusta ver en lo mas profundo de nosotros mismos, porque eso nos da poder a dejarnos completamente destrozados. Por eso te miras al espejo y no ves ojos, nariz o boca. Ves algo aterrador y horrible, algo que no quisieses haber visto ni en tus peores pesadillas.
Ves al verdadero monstruo que se esconde bajo huesos y piel. Ves al monstruo que te come por dentro alimentándose de tu ser.

lunes, 13 de octubre de 2014

Locura.

Podía notar como el aire llenaba mis pulmones con dificultad, pero seguía faltándome el aire. Mi respiración era muy agitada, casi tanto como los latidos de mi corazón. No sé cuánto llevo corriendo, tal vez minutos o tal vez horas. El tiempo ya no importa. Están por todas partes; acercándose con pasos pesados y silenciosos, con el único objetivo de encontrarte y devorarte hasta los huesos.
No tengo ningún lugar al que volver, ninguna persona a la que echar de menos, ni siquiera me tengo a mí misma. Creo que me volví totalmente loca hace tiempo. Solo me quedan mis pensamientos y recuerdos, que no dejan de repetirme que si vale la pena seguir viva para esto, para vagar sin rumbo fijo. Sólo alargando la agonía de mi existencia. Pero ya no importa. Mi vida se perdió un día cualquiera dentro de esta locura.

domingo, 12 de octubre de 2014

Perdida.

<<Caí en un pozo tan profundo, que aunque intentaras iluminarlo con una linterna, seguiría viéndose todo negro. Llegué a perderme tanto que ni buscando el camino de vuelta lograría salir nunca de allí. Comencé a perder la razón, a mirarme al espejo como si realmente no viese nada; a odiarme tanto casi hasta sentir romperse todos mis huesos a la vez.
Un día me encontré tan desolada que solo me quedaba gritar y llorar en la ducha, deseando desaparecer o ser otra persona.
Pero nunca hubieses sabido esto de no ser por oírlo de mis propios labios, pues seguía manteniendo una sonrisa grapada para siempre en mis comisuras. Una sonrisa que solo podía esconder infelicidad y soledad. Una soledad que asustaría al más valiente, que apresaría al más fuerte. Una soledad que yo sentía aunque nadie pudiese saberlo.>>

sábado, 11 de octubre de 2014

¿Estoy bien?

Me levanté de la cama con pesadez, como si alguien no quisiera que me moviese de mi letargo. Los gritos volvían a aparecer como cada día, inundando las habitaciones que antes se encontraban vacías con su único amigo, el silencio. Mi mente trataba de escapar de aquella situación desesperante y del sentimiento de odio que fluía por todo mi cuerpo, amenazando con estallar en cualquier momento.

Entró en mi cuarto como una exaltación cuando ya me había vestido, rompiendo el pequeño universo que se encerraba entre estas cuatro paredes. El monstruo volvía a aparecer para envenenar todo lo que encontraba a su paso.
No me dejé alterar, sus amenazas no podían herirme después de tantos años, después de tantas horas llorando de rabia y de desear no tener parentesco con el mismísimo diablo. Me fui decidida hacia la entrada, evitando sus intentos de controlarme y ahogarme en su mar de oscuridad; ya no podía hacerme daño. Eso era lo que más le frustraba. El diablo nunca se contenta con conseguir a medias sus propósitos, pero ambos sabíamos que acabaría consiguiéndolo, de una forma u otra.
La puerta se cerró de un portazo. Mis pies corrían veloces escalera abajo dejando atrás los pesados lamentos que seguían rebotando en mi cabeza. "Inalfabeta. Desagradecida. Tienes que darme la razón. Eres una carga. No me dejáis tranquila. Con vosotras no se puede vivir. Siempre me machacáis y hacéis daño. Te voy a mandar con tu padre."
No sé cómo sigo cuerda. Creo que no lo estoy. Mientras recuerdo todas las veces que me hizo llorar, las calles van pasando sin que me dé cuenta, llevándome a donde ellas quieran, perdiéndome en mis ideas y fluyendo como una sirena en la imaginación de cualquier niño. No sé cómo escapar de esta situación que me mata cada día. Si al menos tuviese medios para irme de allí y no volver jamás lo haría sin pensarlo una vez más. Pero tengo que seguir aguantando esa situación, tengo que volver al infierno. Otra noche más...