sábado, 18 de octubre de 2014

Miedo.

Nadie puede hacerte daño aunque la gente se empeñe. Cuando alguien te hace daño quedan marcas superficiales que no van mas allá de rallar la fina capa que nos cubre. Solo nosotros podemos ver que hay detrás de esa superficie, ahondar en la esencia, y puedes cuidarla como si fuese el mayor tesoro. Pero eso también te da el poder de destruirte. Es por eso que nos asusta ver en lo mas profundo de nosotros mismos, porque eso nos da poder a dejarnos completamente destrozados. Por eso te miras al espejo y no ves ojos, nariz o boca. Ves algo aterrador y horrible, algo que no quisieses haber visto ni en tus peores pesadillas.
Ves al verdadero monstruo que se esconde bajo huesos y piel. Ves al monstruo que te come por dentro alimentándose de tu ser.

lunes, 13 de octubre de 2014

Locura.

Podía notar como el aire llenaba mis pulmones con dificultad, pero seguía faltándome el aire. Mi respiración era muy agitada, casi tanto como los latidos de mi corazón. No sé cuánto llevo corriendo, tal vez minutos o tal vez horas. El tiempo ya no importa. Están por todas partes; acercándose con pasos pesados y silenciosos, con el único objetivo de encontrarte y devorarte hasta los huesos.
No tengo ningún lugar al que volver, ninguna persona a la que echar de menos, ni siquiera me tengo a mí misma. Creo que me volví totalmente loca hace tiempo. Solo me quedan mis pensamientos y recuerdos, que no dejan de repetirme que si vale la pena seguir viva para esto, para vagar sin rumbo fijo. Sólo alargando la agonía de mi existencia. Pero ya no importa. Mi vida se perdió un día cualquiera dentro de esta locura.

domingo, 12 de octubre de 2014

Perdida.

<<Caí en un pozo tan profundo, que aunque intentaras iluminarlo con una linterna, seguiría viéndose todo negro. Llegué a perderme tanto que ni buscando el camino de vuelta lograría salir nunca de allí. Comencé a perder la razón, a mirarme al espejo como si realmente no viese nada; a odiarme tanto casi hasta sentir romperse todos mis huesos a la vez.
Un día me encontré tan desolada que solo me quedaba gritar y llorar en la ducha, deseando desaparecer o ser otra persona.
Pero nunca hubieses sabido esto de no ser por oírlo de mis propios labios, pues seguía manteniendo una sonrisa grapada para siempre en mis comisuras. Una sonrisa que solo podía esconder infelicidad y soledad. Una soledad que asustaría al más valiente, que apresaría al más fuerte. Una soledad que yo sentía aunque nadie pudiese saberlo.>>

sábado, 11 de octubre de 2014

¿Estoy bien?

Me levanté de la cama con pesadez, como si alguien no quisiera que me moviese de mi letargo. Los gritos volvían a aparecer como cada día, inundando las habitaciones que antes se encontraban vacías con su único amigo, el silencio. Mi mente trataba de escapar de aquella situación desesperante y del sentimiento de odio que fluía por todo mi cuerpo, amenazando con estallar en cualquier momento.

Entró en mi cuarto como una exaltación cuando ya me había vestido, rompiendo el pequeño universo que se encerraba entre estas cuatro paredes. El monstruo volvía a aparecer para envenenar todo lo que encontraba a su paso.
No me dejé alterar, sus amenazas no podían herirme después de tantos años, después de tantas horas llorando de rabia y de desear no tener parentesco con el mismísimo diablo. Me fui decidida hacia la entrada, evitando sus intentos de controlarme y ahogarme en su mar de oscuridad; ya no podía hacerme daño. Eso era lo que más le frustraba. El diablo nunca se contenta con conseguir a medias sus propósitos, pero ambos sabíamos que acabaría consiguiéndolo, de una forma u otra.
La puerta se cerró de un portazo. Mis pies corrían veloces escalera abajo dejando atrás los pesados lamentos que seguían rebotando en mi cabeza. "Inalfabeta. Desagradecida. Tienes que darme la razón. Eres una carga. No me dejáis tranquila. Con vosotras no se puede vivir. Siempre me machacáis y hacéis daño. Te voy a mandar con tu padre."
No sé cómo sigo cuerda. Creo que no lo estoy. Mientras recuerdo todas las veces que me hizo llorar, las calles van pasando sin que me dé cuenta, llevándome a donde ellas quieran, perdiéndome en mis ideas y fluyendo como una sirena en la imaginación de cualquier niño. No sé cómo escapar de esta situación que me mata cada día. Si al menos tuviese medios para irme de allí y no volver jamás lo haría sin pensarlo una vez más. Pero tengo que seguir aguantando esa situación, tengo que volver al infierno. Otra noche más...