sábado, 11 de octubre de 2014

¿Estoy bien?

Me levanté de la cama con pesadez, como si alguien no quisiera que me moviese de mi letargo. Los gritos volvían a aparecer como cada día, inundando las habitaciones que antes se encontraban vacías con su único amigo, el silencio. Mi mente trataba de escapar de aquella situación desesperante y del sentimiento de odio que fluía por todo mi cuerpo, amenazando con estallar en cualquier momento.

Entró en mi cuarto como una exaltación cuando ya me había vestido, rompiendo el pequeño universo que se encerraba entre estas cuatro paredes. El monstruo volvía a aparecer para envenenar todo lo que encontraba a su paso.
No me dejé alterar, sus amenazas no podían herirme después de tantos años, después de tantas horas llorando de rabia y de desear no tener parentesco con el mismísimo diablo. Me fui decidida hacia la entrada, evitando sus intentos de controlarme y ahogarme en su mar de oscuridad; ya no podía hacerme daño. Eso era lo que más le frustraba. El diablo nunca se contenta con conseguir a medias sus propósitos, pero ambos sabíamos que acabaría consiguiéndolo, de una forma u otra.
La puerta se cerró de un portazo. Mis pies corrían veloces escalera abajo dejando atrás los pesados lamentos que seguían rebotando en mi cabeza. "Inalfabeta. Desagradecida. Tienes que darme la razón. Eres una carga. No me dejáis tranquila. Con vosotras no se puede vivir. Siempre me machacáis y hacéis daño. Te voy a mandar con tu padre."
No sé cómo sigo cuerda. Creo que no lo estoy. Mientras recuerdo todas las veces que me hizo llorar, las calles van pasando sin que me dé cuenta, llevándome a donde ellas quieran, perdiéndome en mis ideas y fluyendo como una sirena en la imaginación de cualquier niño. No sé cómo escapar de esta situación que me mata cada día. Si al menos tuviese medios para irme de allí y no volver jamás lo haría sin pensarlo una vez más. Pero tengo que seguir aguantando esa situación, tengo que volver al infierno. Otra noche más...

No hay comentarios:

Publicar un comentario