martes, 9 de diciembre de 2014

El monstruo ataca de nuevo.

Un día de enero, cualquiera, no importa cuál, me levanté sobresaltada en mitad de la noche. La lluvia caía fuerte y se oía rebotar en todo lo que encontraba a su paso. Escucharla me transmitía sensación de paz, pero no aquella vez. No sabía por qué estaba despierta, no recordaba ningún sueño, para mí todo había sido una película negra.
Noté que aunque pude abrir los ojos, mi cuerpo no reaccionaba a mis órdenes. Sentía mi respiración atravesando mis vías respiratorias, el sonido era claro. Inspirar, espirar. Inspirar, espirar. Inspirar, espirar. También notaba mi corazón bombeando. Pum-pum. Pum-pum. Pum-pum. Pero no me sentía viva. No tenía ningún tipo de emoción o sentimiento. No estaba ni feliz, ni triste, ni nerviosa, ni asustada, ni eufórica. A decir verdad, no sentía mi cuerpo, solo lo escuchaba.
Fue en ese momento cuando pude darme cuenta. Y solo entonces pude girar la cabeza hacia la derecha, lo que me hizo estremecer. Me vi a mi misma. Vi mi reflejo. No sé lo que vi. No me dio tiempo a pensarlo cuando un gran agujero se abrió bajo mi espalda, y comencé a caer, y a caer...

No sé donde estoy. No sé qué ha pasado. No sé si eso fue una alucinación y aún sigo soñando. Pero ahora sí que me siento viva. Ahora sé lo que es estar verdaderamente despierta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario